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"Sumar un paso". Columna de nuestra consejera María José Montero


Muchas han sido las instituciones y personas que han estado detrás del desarrollo de la inversión de impacto en Chile. Como todo cambio, ha ido avanzando al ritmo del grupo de actores involucrados. A ratos a pulso o con saltos significativos. A veces superando frustraciones o motivados por el entusiasmo del momento. Pero a paso firme, juntos, cada día más personas agudizan la mirada y caen en la cuenta del sentido que tiene usar el dinero con un propósito tanto económico como de impacto social y/o ambiental.


Considerar este triple impacto en las decisiones de mercado no busca ser la solución a todos los problemas, pero representa un avance para hacernos cargo de los actuales desafíos. Revisar y abordar temas relevantes, como la forma en que hemos construido las organizaciones y lo virtuoso que es alinear los objetivos de las empresas, el bienestar de las personas que en ellas participan y nuestro planeta. No se trata de cambiarlo todo; es dar un paso más en el camino que hemos venido recorriendo.


Una forma concreta de ver el “impacto” es entender nuestro dinero como un voto. Es decir, cada vez que invertimos o gastamos en un producto, elegimos y estamos tomando una decisión que tiene consecuencias. Por ejemplo, votamos por explotación infantil cada vez que compramos un producto que utilizó niños como mano de obra; votamos por sustentabilidad ambiental cuando invertimos en energías renovables o autos híbridos; votamos por una relación comercial justa entre productores y consumidores cuando compramos productos con certificaciones como comercio justo o fairtrade. Así también, votamos para que más personas tengan donde vivir cuando invertimos en viviendas sociales o soluciones habitacionales inclusivas.


La industria de inversión de impacto, se ha hecho realidad a través de diferentes iniciativas. En Chile 240 empresas B certificadas y más de US$390 millones en fondos de impacto que invierten generando utilidades al inversionista y, al mismo tiempo, solucionan desafíos sociales y/o medioambientales. También vemos familias de alto patrimonio que se están involucrando activamente; universidades impartiendo cursos, jurados y concursos que evalúan y destacan las mejores prácticas, y empresas auditoras, oficinas de abogados y consultoras especializadas que promueven esta mirada de la sociedad que queremos continuar fortaleciendo. De cara al futuro necesitamos involucrar a más actores para dar nuevos pasos. Con especial cuidado de que este tema sea abordado de manera seria y técnica, con una reflexión crítica y no se transforme en una nueva moda o una forma de publicidad engañosa.


Independiente de dónde estemos hoy y cuánto hemos recorrido, cada uno de nosotros podemos hacernos la pregunta sobre el impacto que generamos. Para ello, es necesario actuar sistémicamente y colaborar con otros. No es fácil coordinarse con muchos actores, pero el rol del Estado, el apoyo de los privados y la sociedad civil es crucial. Trabajemos en lo que sabemos hacer y colaboremos con otros en el resto. De esta manera, podremos amplificar y apoyar las mejores iniciativas, y llegaremos más lejos. Juntos, con un propósito claro y con el aporte desde lo que cada uno sabe hacer.


Tenemos una oportunidad para repensar nuestro actuar y fortalecer las instituciones en que estamos. Sumar un paso, pues como escuchamos en estos días “no es el planeta el que está en peligro, sino la humanidad misma”. Es mucho lo que está juego y tenemos que entender que este no es un desafío de una industria en específica; es un desafío transversal. Todos estamos llamados a colaborar.



María José Montero

Consejera del directorio de GSG NAB Chile

Directora ACAFI

Socia FIS Ameris

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